Primer fase de la independencia de México.
Redactada por: Candy Aragón De Jesús
Conseguir la independencia de México, fue un proceso con
diversas etapas, al inicio de la idea independentista y también durante el
transcurso de la contienda armada.
Había quienes apoyaban la corona española, llamados realistas
y los que apoyaban la idea de una nación libre y otros llamados insurgentes,
escenificaron altas y bajas en las batallas que protagonizaban, tendiendo la
balanza algunas veces a la causa de los que eran leales a España y algunas
otras a los que anhelaban romper con cerca de 300 años de virreinato.
Conspiración de Querétaro.
La primer etapa de la independencia de México comezó con la
conspiración de Querétaro, la cual tenía el objetivo de que los criollos
tuvieran más derechos frente a los peninsulares, y también dio un carácter social
al movimiento de independencia. Este complot independentista de criollos
mexicanos de Querétaro liderados por el cura Miguel Hidalgo intenta organizar
una revuelta independentista planificada para el 1º de octubre de 1810. Junto a
Hidalgo, participan Ignacio Allende, Juan Aldama y Josefa Ortiz de Domínguez.
Pero el movimiento es delatado el 9 de noviembre por un cura que corre a contar
a las autoridades españolas sobre la conspiración, detalles que conoce por la
confesión por uno de los complotados. De inmediato se ordena la detención de
los jefes revolucionarios. El independentista Juan Aldama busca refugio en la
iglesia de Los Dolores en donde es párroco Miguel Hidalgo. Ante la inminente
llegada de las tropas, el sacerdote desata una rebelión a la que responden
miles de mexicanos y su objetivo primordial era constituir una junta gobernativa
que tomara el poder a nombre de Fernando VII.
Personajes involucrados en la conspiración de Querétaro:
Miguel Hidalgo y Costilla
Miguel
hidalgo y Costilla cuyo nombre completo fue Miguel Gregorio Antonio Ignacio
Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte y Villaseñor nació en la hacienda de
Corralejo el 8 de mayo de 1753 ubicada en Pénjamo en el actualmente el estado
de Guanajuato.
Lidero
la una de las etapas de la independencia de México, fue también el iniciador de
la lucha armada que termino con 300 años de dominio español en México. Se crio
en una familia conformada por su padre y madre de nombres Cristóbal Hidalgo y
Costilla y Ana María Gallaga además de cuatro hermanos, su padre fue administrador
de la hacienda donde nació.
Hacia
1765 comienza sus estudios en el colegio de San Nicolás de Valladolid escuela
ubicada en el hoy estado de Michoacán es en este colegio donde termina sus
estudios en 1778 y recibe su ordenación como sacerdote.
En 1803
se le destina a la parroquia de dolores hidalgo donde es testigo de los abusos
de las pobladoras indígenas de esta y otras regiones desde su infancia. Miguel
Hidalgo hablaba el idioma Nahuatl, Otomi y Purepecha era una mente brillante y
consiente de la situación de abuso de indígenas, campesinos y de los pobladores
de la nueva España menos favorecidos.
Con la
invasión de Napoleón Bonaparte a España en 1808, Hidalgo comienza a inmiscuirse
en actividades relacionadas a la creación de un gobierno autónomo a la corona
española en nueva España, así fue uno de los líderes de las juntas literarias
conocida como la conspiración de Querétaro que al ser descubierta desemboca en
la guerra de independencia mexicana el 16 de septiembre de 1810
Durante
su participación en la guerra de independencia Hidalgo llego a las puertas de
la ciudad de México, pero opto por la retirada, pierde la batalla de ‘puente de
calderón’, intenta huir hacia los estados unidos de américa junto con otros
insurgentes en busca de armamento y regresa para continuar la guerra.
Es
capturado y despojado de su vestimenta sacerdotal mediante un juicio de
excomunión. Es fusilado en Chihuahua, el 30 de julio de 1811.
Ignacio Allende
(Ignacio María de Allende y Unzaga; San Miguel el
Grande, actual San Miguel de Allende, Guanajuato, 1769 - Chihuahua, 1811)
Militar independentista mexicano, uno de los más destacados protagonistas de la
primera fase de la insurrección que conduciría a la independencia de México.
Tras una serie de victorias y derrotas, debidas en parte estas últimas a las
carencias estratégicas de Miguel Hidalgo, asumió el mando de las huestes
insurgentes cuando la sublevación ya había sido prácticamente aplastada. Era un criollo de buena familia,
diestro en las artes de la caballería y de carácter fuerte. En 1795 ingresó por
vocación en el ejército, donde recibió una sólida formación y obtuvo el grado
de capitán en 1797. En el cantón de Jalapa, Ignacio Allende conoció a otros
criollos con los que compartió sus ideales políticos de descontento contra el
Gobierno español.
A finales de 1809
el Gobierno virreinal descubrió una gran conspiración en Valladolid (hoy
Morelia) e intentó desmantelar el movimiento independentista, pero Allende
estableció contacto con una ramificación importante en Querétaro, en la casa
del corregidor Miguel Domínguez y su esposa, Josefa Ortiz.
Por uno de los
participantes, el oficial Joaquín Arias, la conspiración fue descubierta.
Ignacio Allende fue avisado oportunamente y pudo advertir a otro conspirador,
el cura de Dolores Miguel Hidalgo y Costilla, que decidió adelantar la rebelión.
En la madrugada del 15 al 16 de septiembre de 1810 se convocó a todo el pueblo
a toque de campana para tomar las armas. Un gran contingente de criollos e
indígenas marcharon hacia San Miguel, y en Atotonilco el cura Hidalgo adoptó el
estandarte con la Virgen de Guadalupe como insignia.
El 28 de septiembre tomaron Guanajuato, defendido
por el intendente realista Antonio Riaño. En Guanajuato los insurgentes,
incontrolables, asaltaron ferozmente la alhóndiga de Granaditas y asesinaron
sin piedad a los españoles junto con sus familias. Ello causó que Hidalgo y
Allende se enemistaran entre sí. En la ciudad de Valladolid, tomada el 17 de
octubre, se les unieron más rebeldes, que se enfrentaron con éxito al ejército
realista en el Monte de las Cruces.
Partidario de una
guerra militar y no de las acciones guerrilleras que propugnaba Hidalgo,
Ignacio Allende propuso entonces ocupar la ciudad de México; pero, ante la
perspectiva de otra matanza, Hidalgo decidió retroceder. En Aculco los
esperaban las tropas realistas de Félix Calleja y Manuel Flon, por las que fueron
derrotados. Allende se hizo fuerte en Guanajuato, pero tuvo que abandonar la
ciudad el 25 de noviembre a causa del asedio del virrey Calleja. De nuevo se
enfrentaron a los realistas en el Puente de Calderón (17 de enero de 1811), en
donde los perdedores fueron otra vez los insurgentes.
Tras refugiarse en
una hacienda, a Hidalgo se le retiró el mando y el ejército se dividió en dos;
uno, con Ignacio López Rayón al frente, salió hacia Michoacán; el
otro partió hacia el norte con Ignacio Allende y Miguel Hidalgo para buscar
ayuda en los Estados Unidos. Pero en Acatita de Baján, Coahuila, fueron
aprehendidos por Ignacio Elizondo. Se les sometió a juicio y Allende fue
fusilado junto con Ignacio Aldama y Mariano Jiménez. Sus restos descansan en
la columna de la Independencia en la ciudad de México.
Juan Aldama
(San Miguel el Grande, actual México, hacia
1769 - Chihuahua, id., 1811) Patriota mexicano. Miembro de una hacendada
familia criolla, siguió la carrera militar en el ejército español y llegó a ser
capitán de caballería del Regimiento de la Reina.
Sin embargo, la injusticia del sistema
mercantilista español, que impedía el comercio de México con cualquier otro
país que no fuera España, y la marginación de los criollos de los altos cargos
de la administración colonial y del mando del ejército, en manos exclusivamente
de españoles llegados de la península Ibérica, convencieron a Juan Aldama de la
necesidad de rebelarse contra la metrópoli, ideal compartido por la mayor parte
de los miembros de la aristocracia criolla mexicana.
Como su hermano Ignacio Aldama, tomó parte en
la conspiración de Valladolid (1809) y en las juntas secretas de Querétaro y de
San Miguel (1810). Partidario del levantamiento dirigido por el cura Miguel
Hidalgo, quien, el 16 de septiembre de 1810, proclamó la independencia de
México, Juan Aldama asumió la dirección militar de los sublevados, con el grado
de teniente general. Participó en la batalla de Monte de las Cruces y en el
asalto de Guanajuato.
A pesar de las victorias iniciales, la
primera revuelta secesionista mexicana pronto comenzó a debilitarse a causa de
la superioridad militar de las tropas españolas. En efecto, los insurrectos,
mal armados y poco disciplinados, fueron derrotados por el ejército realista de
Félix Calleja en Aculco (7 de noviembre de 1810) y en Puente de Calderón (16 de
enero de 1811).
Ante la imposibilidad de continuar el avance
sobre Ciudad de México, Juan Aldama decidió retirarse hacia el norte, pero fue
hecho prisionero por los españoles en Acatita de Baján, junto con otros líderes
revolucionarios, como Ignacio María de Allende. Acusados de traición, todos
ellos fueron fusilados en Chihuahua, el 26 de junio de 1811.
Josefa
Ortiz de Domínguez
(Valladolid, hoy Morelia, México, 1768 -
Ciudad de México, 1829) Patriota y heroína de la independencia de México,
conocida también por el apodo de «la Corregidora de Querétaro».
El levantamiento liderado por el sacerdote
Miguel Hidalgo en 1810, que puso en marcha el proceso que conduciría, once años
después, a la independencia de México, se había fraguado en la llamada
conspiración de Querétaro, cuyos miembros se reunían en la casa de Josefa Ortiz
y su esposo Miguel Domínguez, corregidor de la ciudad. A riesgo de ser
descubierta y capturada, como efectivamente ocurrió, Josefa Ortiz de Domínguez
logró hacer llegar al cura Hidalgo y a otros conspiradores la noticia de que
sus planes habían sido descubiertos; sin su aviso, el alzamiento nunca hubiera
llegado a producirse.
Nacida en el seno de una familia de españoles
de clase media, Josefa Ortiz de Domínguez fue bautizada el 16 de septiembre de
1768 con los nombres de María de la Natividad Josefa. Su padre, Juan José
Ortiz, fue capitán del regimiento de los morados y murió en acción de guerra
cuando ella contaba pocos años de edad.
Tras la muerte de su madre, María Manuela
Girón, se hizo cargo de su educación su hermana María, la cual solicitó su
ingreso en el Colegio de San Ignacio de Loyola. Durante los años que permaneció
en el colegio aprendió a leer y a escribir y nociones básicas de matemáticas,
además de lo que se consideraba en la época que debía aprender una señorita de
su clase social, como bordar, coser y cocinar.
En el año 1791 contrajo matrimonio con Miguel
Domínguez, que por aquellos años trabajaba en la secretaría de la Real Hacienda
y en la oficialía del virreinato de Nueva España. Gracias a sus buenas relaciones
con el virrey Félix Berenguer de Marquina, Miguel Domínguez fue nombrado
corregidor de Querétaro en el año 1802. Durante los primeros años de
matrimonio, Josefa se hizo cargo de las labores domésticas y de la crianza y
educación de los dos hijos de su esposo, que había enviudado de su primera
mujer. Todo parece indicar que la pareja era feliz; doce hijos nacerían a lo
largo de un matrimonio que perduraría hasta 1830, año de la defunción del
marido.
Al margen de sus quehaceres domésticos,
Josefa Ortiz de Domínguez se mostró muy identificada con los problemas de la
clase criolla, a la cual pertenecía por ser descendiente de españoles. A pesar
de las reformas realizadas tras la llegada de los Borbones a España (1700), se
había perpetuado la tradición de que fueran españoles nacidos en la península
los que ocuparan los altos cargos de la administración virreinal y del
ejército, relegando a los criollos a los puestos secundarios. Josefa defendió
sus intereses de clase y también se hizo eco de las reivindicaciones de los
indios mexicanos, que vivían en lamentables condiciones; intentó que se
reconocieran los derechos de los indígenas y aprovechó su posición como esposa
del corregidor para llevar a cabo numerosas obras de caridad.
En 1808 se produjo la invasión napoleónica de
España, la cual tuvo como consecuencia el inicio de la guerra de la
Independencia y la formación de las juntas de gobierno, ante la ausencia del
rey Fernando VII. Las noticias llegadas de España en 1808 favorecieron el
movimiento independentista de México; tras las iniciales muestras de apoyo al
rey, comenzó a fraguarse en algunos círculos la idea de separarse totalmente de
España. Después de un intento fallido del virrey José de Iturrigaray para
formar una junta de gobierno independiente, se produjeron las primeras
conspiraciones destinadas a subvertir el orden establecido.
El grito de dolores
El 16 de septiembre de 1810, el cura y ahora héroe mexicano Miguel Hidalgo y Costilla, que había sido instigado por Miguel Domínguez, Josefa Ortiz de Domínguez, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Abasolo durante la Conspiración de Querétaro, animó a todos sus feligreses a rebelarse contra el Virreinato de Nueva España. Además, se dice que facilitó armas a la población, algunas de las palabras del discurso del cura Miguel Hidalgo fueron:
” Mis hijos… una nueva dispensación viene a nosotros hoy en día ¿La recibirán? ¿Se liberarán a sí mismos? ¿Recuperarán las tierras robadas por trescientos años de sus antepasados por los españoles odiados? Debemos actuar de inmediato … ¿Van a defender su religión y sus derechos como verdaderos patriotas? ¡Viva la Virgen de Guadalupe! Muera el mal gobierno! ¡Mueran los gachupines! “
Toma de alhóndiga de granaditas
Fue una acción bélica realizada en Guanajuato, virreinato de Nueva España, el 28 de septiembre del 1810, entre los soldados realistas de la provincia y los insurgentes comandados por Miguel Hidalgo e Ignacio Allende. El pavor desatado en los círculos sociales de la capital provinciana hizo que el intendente, Juan Antonio Riaño, pidiera a la población acuartelarse en la Alhóndiga de Granaditas, granero construido en 1800, y en cuya construcción había participado Miguel Hidalgo como asesor de su viejo amigo Riaño.
Tras varias horas de combate, Riaño fue asesinado y los españoles que ahí se habían refugiado deseaban rendirse. Los militares al servicio del virrey continuaron la lucha, hasta que los insurgentes lograron entrar para después masacrar no sólo a la escasa guardia que lo defendía, sino también a las numerosas familias de civiles refugiadas en él. Muchos historiadores consideran este enfrentamiento más como un motín o masacre de civiles que una batalla, pues no se dieron condiciones de igualdad militar entre ambos bandos.
Monte de las Cruces
La Batalla del Monte de las Cruces fue un enfrentamiento militar ocurrido en Monte de las Cruces, cercano a Toluca, Estado de México, el 30 de octubre de 1810, entre las fuerzas del Ejército Insurgente, dirigido por Miguel Hidalgo e Ignacio Allende, y las fuerzas leales a la Corona española, comandadas por el general Torcuato Trujillo. Tras triunfar en la Toma de la Alhóndiga de Granaditas, el 28 de septiembre los sublevados se dirigieron a Valladolid y más tarde tomaron Toluca, el 25 de octubre. El Virrey de la Nueva España, Francisco Xavier Venegas ordenó al general Trujillo, ponerse al frente de las pocas guarniciones realistas de la capital, y con ellas habría de emprender un intento para hacer frente a los independentistas. La mañana del 30 de octubre, les alcanzaron en un paraje cercano a la capital conocido como Monte de las Cruces. Los realistas fueron derrotados por los más de 80.000 insurgentes, quienes consiguieron gran parte del armamento español y estuvieron a un paso de tomar la Ciudad de México, pero por motivos desconocidos, Hidalgo decidió no entrar en México y retirarse al Bajío, donde el 7 de noviembre, Félix María Calleja infligió la primera derrota insurgente en la Batalla de Aculco, hecho que distanció a Hidalgo de Allende, ya que los jefes insurgentes tomaron rutas distintas; el primero marchó a Valladolid y el segundo a Guanajuato.
Después de los acontecimientos ocurridos Hidalgo decidió no entrar a la ciudad de México, esto para evitar una posible masacre entre la gente que estaba con el y los realistas y este no era su objetivo, su objetivo era cambiar la ideología de una manera pacífica y de esta manera evitar más muertes.
Luego Personajes como: Ignacio Allende y Juan Aldama ven que el movimiento empieza a cambiar en sus intereses, Hidalgo deroga los tributos y ordena la restitución de tierras a los índigenas, por lo que lo presenta en su escrito "el despertar américano" donde son mostradas sus ideas liberarias de la revolución.
Pronto Felix Maria Calleja un militar realista empieza a ganar terreno frente al ejercito liberalista, a continuación se muestra un escrito acerca de la vida de este personaje escrito por: Jaime Olveda Legaspi.
Félix María Calleja, el militar de mayor prestigio y el virrey más represivo (1813-1816)
Gobernar en tiempos de guerra: los virreyes de Nueva España que enfrentaron la insurrección
Calleja se inició en las armas desde muy joven. Participó en la fracasada expedición española contra Argel (1775), en la reconquista del Puerto de Mahón (1782) y en el asedio a Gibraltar (1779). Llegó a Nueva España en 1789, acompañando al segundo conde de Revillagigedo, y se convirtió en uno de los principales jefes militares del virreinato. A su regreso a España en 1818, fue honrado con el título de conde de Calderón y nombrado caballero gran cruz de las órdenes de Isabel la Católica y San Hermenegildo.
La extensión y la intensidad que alcanzó la insurrección requirieron de un gobernante con mayor experiencia militar y de carácter más firme. Ese hombre fue Félix María Calleja. De los tres virreyes, este último fue quien mejor conoció el territorio novohispano y el que logró entablar compromisos y relaciones estrechas con las élites. En buena medida, estas redes sociales fueron posibles gracias a su matrimonio con María Francisca de la Gándara, una mujer criolla perteneciente a una de las familias poderosas de San Luis Potosí.
Algunos historiadores decimonónicos lo definieron como un “militar valiente y entendido” en cuestiones de disciplina militar, pero de “instintos sanguinarios y rapaces”; para otros, era “la principal espada del virreinato”. Llegó a Nueva España en 1789, en plena época borbónica, acompañando al virrey conde de Revillagigedo, Juan Vicente de Güemes. Sus primeras campañas las realizó en las Provincias Internas del norte, donde combatió a los indios belicosos. Allí forjó precisamente “la dureza de su carácter”. Los siguientes virreyes le tuvieron estima por su intensa actividad y el valor demostrado hasta entonces.
Cuando tuvo lugar la invasión napoleónica en 1808, ratificó su lealtad a la Corona española al oponerse al proyecto de los regidores del ayuntamiento de Ciudad de México de crear una Junta Gubernativa independiente de las de España; posteriormente, reconoció a Pedro de Garibay, el virrey nombrado por los españoles residentes en la capital, quien le dio el mando de la 10ª Brigada establecida en San Luis Potosí.
Al recibir la noticia del levantamiento de Miguel Hidalgo, por instrucciones del virrey Venegas formó las primeras milicias, ordenó fundir cañones y dispuso de dinero suficiente para combatir a los insurrectos. Su prestigio militar se debe que se le unieran jóvenes deseosos de hacer una carrera militar exitosa como Gabriel de Armijo, Anastasio Bustamante, Miguel Barragán y Manuel Gómez Pedraza, entre otros, quienes se formaron bajo su mando.
Calleja se ganó la fama de haber sido el virrey más represivo. Desde que asumió el mando político usó más la fuerza que los medios pacíficos. Por su carácter duro e intransigente, arrogante, cauteloso y desconfiado, según lo describieron sus contemporáneos, se hizo de muchos enemigos, incluyendo a algunos oficiales realistas. Desde el principio emprendió una guerra de exterminio, “devastadora y horrorosa”, a la que los insurgentes respondieron de igual forma. El obispo electo de Michoacán, Manuel Abad y Queipo, lo acusó de apoderarse del dinero de particulares y de manejar los recursos hacendarios a su arbitrio. Otros comandantes, amparándose en el descontrol que generó la guerra, siguieron su ejemplo.
Su conocimiento del territorio y de las costumbres de los habitantes fueron factores decisivos que incidieron cuando se dedicó a formar un buen ejército para combatir a los rebeldes, mismo que movilizó y colocó en los puntos estratégicos para cercar a los insurgentes. Cuando menos hasta 1815 no hubo un militar realista que le disputara el prestigio que había adquirido como estratega.
Calleja gobernó un periodo muy complicado, lleno de discontinuidades o interrupciones por los cambios frecuentes que se dieron, los cuales no le permitieron mantener los mismos criterios gubernamentales: los últimos años de la invasión francesa a España, la promulgación de la Constitución de Cádiz, el regreso de Fernando VII, la supresión del orden constitucional y la época más álgida de la insurgencia, en la que se formó el Congreso de Chilpancingo y se promulgó la Constitución de Apatzingán. Aparte, desde 1814 intensificó las medidas represivas para acabar con Morelos; la obsesión de aprehender a este caudillo insurgente refleja, además de una profunda lealtad al rey, su preocupación por conservar íntegro su prestigio de buen militar.
Al igual que su antecesor, padeció los estragos de la falta de recursos económicos para financiar la guerra. En vista de que “el erario se hallaba en agonía”, pidió al consulado de México y a los particulares un préstamo de un millón de pesos para paliar la situación. Mediante el reclutamiento forzoso formó en las principales villas y ciudades batallones con el nombre de Patriotas de Fernando VII, y dio instrucciones al ejército de cercar a Morelos en la tierra caliente de la provincia del sur. También usó la imprenta para publicar bandos en los que exhortó a los habitantes del reino a despreciar la insurrección y resaltó las victorias alcanzadas para difundir la idea de que los realistas mantenían el control del territorio novohispano.
Hasta el 20 de septiembre de 1816 permaneció al frente del virreinato. Cansado y desesperado porque no había podido sofocar la revolución que ya llevaba seis años, regresó a España. Fernando VII lo condecoró con el título de conde de Calderón por haber derrotado a los rebeldes en el puente que lleva este nombre al inicio de la insurrección, así como con las cruces de Isabel la Católica y San Hermenegildo.
Después el 21 de marzo de 1811 en Acatita de Bajan son capturados Miguel Hidalgo y Costilla y los principales jefes insurgentes por las autoridades españolas , donde Aldama y Allende son fusilados.
Para finalizar con esta primera fase de la independencia de México el 30 de abril de 1811 es fusilado Miguel Hidalgo .
Bibliografia: Díaz, A; Independencia de México, Historia de México II: Editorial Umbral.










Muy bien candy, como siempre una información clara bien sustentada ordenada y sobre todo muy interesante
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